He de decir en su favor que Paul Arden no me escupió. Aparte de eso, lo cierto es que ni me escuchó y maldito el caso que me hizo. Si me veía cerca disimulaba, hacía como si le picara la entrepierna o tuviera una flema que necesitara evacuar con urgencia. No obstante verlo trabajar es un verdadero lujo. Aprender es lo más bonito de esta profesión. Aunque sea de un gentleman.