Allá por el 98 (creo) se lanzaba el cable en Catalunya y me pareció que un gran beneficio entonces era la simplificación que iba a aportar a nuestras vidas (la velocidad de internet sería relevante más adelante): una sola empresa nos proporcionaba teléfono, internet y televisión; un interlocutor, una factura. Pese a ser largo, conseguimos un claim hermoso y sonoro. Vendíamos sencillez e inteligencia y le pedimos a Sébastien Grousset que nos rodara las películas... como decía Federico el Grande “Toujours l’audace”.